Fausto Masó: El héroe del 4-F
En combate armado con el ejército nacieron las grandes revoluciones latinoamericanos, las luchas populares derrotaron a tropas supuestamente profesionales: en Cuba, el 26 de Julio fue un movimiento de civiles contra los militares; en México, una guerra civil acabó con los militares de Porfirio Díaz; en Bolivia, a pura dinamita, los mineros impusieron la revolución de Paz Estensoro; en Perú, los golpistas abandonaron el poder por las buenas, conscientes de su fracaso.
Despierta estupor en América Latina que se celebre el 4-F como una fecha revolucionaria. En los países del sur los militares quedaron desprestigiados después de decenas de golpes de Estado; en Venezuela los autores del 4-F este año inventaron una nueva justificación para esos hechos.
¡Los golpistas habrían evitado un golpe de derecha de los generales! Un golpe para evitar otro golpe, ¡el golpe antigolpista! Casi un trabalenguas.
Chávez celebra el intento de acabar con el sistema político a través del cual llegaría más tarde al poder, igual que Caldera, Carlos Andrés, Luis Herrera, Betancourt, Leoni, Lusinchi. Prefiere conmemorar las balas y no los votos. Por las armas no se convirtió en presidente, sino por unas elecciones, pero no celebra su triunfo electoral, la fecha en que legítimamente llegó a Miradores, sino el día en que intentó acabar con el sistema electoral que le permitió ser presidente.
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