@jrregnault: El 26 de Septiembre, ¡dilo con tú voto!
Dentro de cuatro meses Hugo Chávez cumplirá 12 años ejerciendo el cargo de Presidente de Venezuela. Siempre es oportuno recordar que su elección fue el producto de un inusitado y diverso movimiento popular que, cifró sus esperanzas en el discurso redentor que proclamaba a los cuatro vientos. La refundación de la República como promesa electoral y la transferencia de poder a la gente como objetivo de su futura gestión, sedujeron a un país desencantado con la vieja forma de hacer política.
Estas precisiones revelan su utilidad en el calor de esta corta campaña electoral parlamentaria, en la cual apelan al viejo y manido esquema de presentarla como un plesbicito. No se cansan de insistir a sus seguidores que una derrota significaría casi un magnicidio. Sin embargo, el agitado pulso de la opinión pública indica otra cosa: frustración, desesperanza, inconformidad. Y aquel frenesí sugerido por el propio Presidente para recrear su relación con buena parte de los venezolanos, se quiebra frente a la incompetencia de su gobierno.
Quizá dentro de muy poco escuchemos un almibarado mensaje intentando disfrazar sus desatinadas decisiones y probablemente veamos una camisa azul para simular que destiñen ese rojo excluyente que aspira controlarlo todo. No obstante, queda claro que el camino al infierno está lleno de buenas intenciones; que un buen chiste o una mala canción no son suficientes para esconder los pésimos resultados que exhibe este gobierno, pues lo que el país aspira es la solución de sus más sentidos problemas.
Cinco años de dominio oficial y absoluto en el Poder Legislativo son la mejor propaganda a favor de la oposición. Esta sumisión legislativa que además condujo a la sumisión del resto de los poderes públicos le ha dado un estatus supraconstitucional al Jefe de Estado y en consecuencia, ha abierto las puertas a una crisis sin precedentes en nuestra historia. La inseguridad, el alto costo de la vida, los apagones y la comida podrida, que forman parte de la agenda del debate cotidiano, son silenciados en esa instancia. Se trata de una mayoría que ha dejado un sabor a estafa.
Cerca de 12 años después la ilusión se transforma en interrogante. La gigantesca fortuna administrada (975 mil millones de dólares) en esta docena de años no ha servido para cumplir con el sueño redentor. Los que ofrecieron acabar con el pasado son ahora parte de éste, al potenciar a su máxima expresión los vicios de la vieja política.
Frente a un país que hace aguas, el 26 de Septiembre es una extraordinaria oportunidad para devolver el equilibrio que requiere la Asamblea Nacional e iniciar así un proceso de reconocimiento de la actual Constitución Nacional, que permita obligar al gobierno a que la cumpla y se dedique a gobernar en función de solventar los problemas de la gente. El 26 de Septiembre, ¡dilo con tú voto!.
José Ramón Regnault H. @jrregnault
Prox. Consulta Pública


